rss
email
twitter
facebook

5.10.06

Definiciones: opción fundamental.

"Siempre hay dos razones para cada cosa: una buena razón y la verdadera razón"

El hombre es el único ser capaz de interrogarse a cerca de su origen, del sentido de su vida, del sentido de lo que le rodea y de su propia muerte.
A lo largo de nuestra existencia la educación que recibimos, nuestra experiencia vital y nuestra voluntad forjan una serie de principios sobre los que damos respuesta - en mayor o menor medida - a esas cuestiones fundamentales.

Hoy en día, el devenir de la historia nos ha dejado un mundo dividido en el que las sociedades occidentales, más desarrolladas tecnológicamente, prestan cada vez menos atención a las preguntas fundamentales que son las únicas que pueden dar sentido a su vida y a su muerte.

PERO LO CIERTO ES QUE TODOS NECESITAMOS ATENERNOS A UNA OPCIÓN FUNDAMENTAL en nuestras vidas. Todos buscamos y encontramos respuestas a nuestra propia vida, seamos o no conscientes de ello.

La opción fundamental no es otra cosa que la decisión que todo ser humano hace en algún momento de su vida por adoptar una serie de principios coherentes entre sí.

A veces, esa opción ni siquiera es consciente y parece venir dada por la tendencia social. Otras veces la falta de desarrollo intelectual de las propias ideas llevar a cumplir esa máxima que dice:
"Si uno no vive en conformidad con lo que piensa termina pensando según vive". En ese caso es bastante frecuente el autoengaño, pudiendo el humano perfectamente considerarse algo muy distante a lo que es.
Por fin, en ocasiones la opción fundamental a sido tomada, madurada o incluso ideada por la propia persona, que la acepta como principio integrador de su existencia.


Dos opciones fundamentales diametralmente opuestas:

En mi entorno observo cada día dos opciones fundamentales.


Cristianismo:

La fe más extendida en nuestro mundo occidental sigue siendo una opción válida hoy en día. Adoptar (o no) la religión del Dios de Jesucristo es algo trascendental en la vida de una persona. Optar por el cristianismo es CREER en la persona de Cristo a través del testimonio histórico de los creyentes.
La fe, por tanto, es una cuestión HISTÓRICA y se basa principalmente en una serie de acontecimientos que no pueden ser explicados, sino sólo admitidos: los MISTERIOS de fe. De ellos, el fundamental, el que avala a todos los demás es el de la Resurrección. ("Si Jesucristo no ha resucitado, vana sería nuestra fe").

¿Es posible que en pleno siglo XXI, en los albores del tercer milenio, siga habiendo gente que se crea todo el rollo cristiano?
Pues sí. Partiendo de las experiencias personales y religiosas, del encuentro con la doctrina y con la persona de Jesús, del testimonio de fe de tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia... el ser humano es capaz de optar por admitir la existencia de Dios y de relacionarse con él.


Pensamiento único:

Si uno analiza objetivamente (en la medida de lo posible) la realidad de nuestra sociedad actual no puede dejar de admitir que existen una serie de principios y valores "universales", compartidos por la inmensa mayoría.
Sin embargo, ¿estos valores y pensamientos han sido cuestionados y madurados por aquellos que los adoptan?, porque su planteamiento ha sido claramente dirigido por medio de la política y de los medios de comunicación de masas.
Hay infinidad de ejemplos: el ateísmo, la democracia, el pragmatismo, el consumismo, el individualismo, el relativismo y subjetivismo, la ausencia de la verdad absoluta, el anticlericalismo, el anticoncepcionismo... etc, etc.
Tantos que, al final, todas esas ideas se organizan y complementan en un sistema de pensamiento ciertamente "coherente" - aunque no integrado formalmente, ya que se evita su formalización- al que se empieza a conocer como "PENSAMIENTO ÚNICO".

21 comentarios:

francis dijo...

ta bien sobri pero esta todabia un poco nublado y no veo con clarida

Anónimo dijo...

El ritual romano explicita con claridad que todo concepto o proposición que no concuerde con la doctrina es producto del maligno y debe ser combatido.

Esto hace del cristianismo católico un ismo practicamente incompatible con los demás por lo que no podría ser jamás integrado en la lista del pensamiento único a menos que cambiara en sus cimientos políticos.

Por otro lado en esa lista hay un rey, el explotacionismo. Todos los demás conceptos, salvo algunas de sus dinámicas más puristas, están subyugadas a él. Eso, guste o no, es un factor común con la Iglesia así que son enemigos por derecho.

Es fácil entender que cualquiera que busque el poder se rodee de las herramientas necesarias y disponibles para alcanzar su objetivo. Poder sobre la energía de un sistema, claro está, no el poder que emana de la más pura espiritualidad.

Pretender que la política sea espiritual es tan inútil como quererlo sobre cualquier otra religión organizada o sistema basado en el control de energía. No sólo se trata de que haya personas sedientas de poder, el mismo sistema en su dinámica funciona de tal manera que responde a las leyes de la supervivencia.

Sin embargo parece que cuando las doctrinas se visten de conceptos idealizados resultan mas fáciles de imponer. Libertad, igualdad, fraternidad, amar al prójimo o la gracia de dios son algunos de los más dignos uniformes para los más tremendos dictadores.

Ah, emperador, qué hermoso mundo hubieras construido de haberte quedado. Pero muriste por salvarnos, condenándonos a estar sometidos a nuestros más oscuros instintos.

Y como buenos ignorantes seguimos su legado pero en sentido opuesto. Dar el mérito a Jesús de habernos salvado es sencillamente irresponsable, tanto como hacer doctrina de la interpretación mortal de una expresión de dios.

¿No es curioso que se haya marchado en vez de quedarse? Resucitó, sí, pero no como mortal que obedece las leyes de la energía, cosa que nosotros sí hacemos.

El génesis es una joya y la base de casi todo argumento en este tema. Dios crea al ser humano con libertad para elegir pero sin el poder del conocimiento. Además crea un arbol del conocimiento cuya fruta permite suplir esa carencia y hacer al humano un ser más cercano a su creador, pero dicta la regla de que el humano nunca deberá probar esa fruta.

Interesantísima situación. La fe dice que dios quería estar seguro de la obediencia del humano. Cierto es que le dio libertad pero eso no le hace menos todopoderoso y omnisciente así que me resulta increible que dios fuera tan... humano. Jamás respetaría a un dios así, como mucho le temería.

¿No sería más lógico pensar que dios quería que ese humano tomara una consciencia superior por voluntad propia? Esa sí sería una digna creación. De no ser capaz de desobedecer a su creador o si la hubiese adquirido por mandato esa criatura jamás llegaría a ser la sombra de un pedazo de barro. A ese dios sí le respetaría.

Así que tenemos dos posibles lecturas opuestas: obediencia o desobeciendia como caminos a la iluminación. La primera lo tiene todo en común con el explotacionismo, con lo cual todo seguidor que pretenda ser coherente debería aceptarlo con sinceridad. De hecho la naturaleza misma como la conocemos responde a ese paradigma.

La otra opción es más alienígena puesto que no obedece a las leyes del barro, es como "de otro mundo".

Bautizarse, confirmarse, pedir perdón por el pecado original y volver al redil de la obediencia. Espero que la primera opción sea la correcta, por el bien de varios millones de católicos.

Anónimo dijo...

Se me olvidó resumir todo el texto a dos opciones fundamentales:

Ser bueno por obediencia o ser bueno por libertad.

¿Qué será más valioso para dios, no ya para su iglesia?

Daniel M. Cruz dijo...

Estimado "Anónimokko":
Muchas gracias por compartir tus reflexiones, sin duda de una profundidad muy superior a la que pretendía con mis simples definiciones. Me dispongo, según un plan de ruta, a abordar en este blog muchas de las cuestiones que planteas en tu comentario (fe, poder, leyes de la naturaleza, génesis, obediencia o desobediencia a Dios,...).

Pero permíteme que, de momento, me siga centrando en la idea principal de la entrada, que muy convenientemente apoyas con tu intervención.
Doy por hecho que has leído y aceptado como válida la idea de "opción fundamental", muy ligada, por cierto, a la voluntad ("soy lo que pretendo ser") pero también a la historicidad ("la fe es en un 99% acatar versiones").
En los dos primeros párrafos de tu comentario despachas el asunto asegurando que "el ritual romano" (¿te refieres al Canon?) considera diabólico todo lo que "no concuerda con la doctrina" y, por tanto, el cristianismo se torna en una opción fundamental o tendencia ("ismo") inconpatible con el resto de opciones fundamentales. [Dicho lo cual pasas a dirimir sobre la explotación, la iglesia y el poder, historias alternativas...]

Pero precisamente aquesta es la razón de mi planteamiento inicial. Desde mi punto de vista si no fuese por la opción cristiana vería a mi alrededor una sociedad inmersa en una cultura tremendamente uniformista e impositiva. Si el ser cristiano fuese un elemento más de la cultura podría integrarse convenientemente en el modelo de pensamiento único; pero no es así.

Además, una vez adoptada una opción fundamental casi cualquier cuestión puede vislumbrarse de modo muy diferente; con la profundidad conveniente me atrevería a decir que cualquier cosa nos llevaría al desacuerdo (en tantas ocasiones al enfrentamiento).

Conclusión: ¿no es cierto que tu comentario, más allá de los razonamientos, está hecho en base a una opción fundamental claramente diferente? Tu opción dispone de mil maneras de autoafirmarse como, por ejemplo, lanzar preguntar retóricas sobre los deseos de un dios que niega ("¿no sería más lógico pensar que dios...?", "¿qué será más valioso para dios...?"), o terminar descartando la opción del mal y centrando la antención en la obediencia/libertad, al tiempo que olvidas que la libertad está precisamente en obedecer/desobedecer.

Lo tremendo vendrá luego, cuando empecemos a hablar de la COHERENCIA real entre lo que pienso y lo que vivo.

Anónimo dijo...

Siempre un placer.

Tiempo atrás accedí a la página web del baticano para encontrar la raíz definitoria de la doctrina católica. Un documento sintético y sin duda interesante donde se definían tanto la base de la fe como de la profesión católica y que incluía además la definición del bien y del mal así como sus ajentes respectivos. Creo recordar que el autor pertenecía a un departamento encargado de preservar la fe.

Siento no recordar el título del documento especialmente porque ahora que he vuelto a buscarlo me he visto perdido en el poderoso motor de búsqueda de dicha web.

El hecho de que la doctrina sea el bien y cualquier cosa que vaya contra ella el mal no debería sorprendernos y ciertamente tiene mucho que ver con el tema de la opción fundamental. Es un sencillo sistema de lógica.

Mientras parece más purista definir el bien en base a los elementos externos que inspiraron la organización resulta mucho más beneficioso en términos de control de la energía focalizar la legitimidad del bien a la organización como tal.

Frente a la afirmación de "el dogma es el bien" supongamos otra que afirme algo así como "el legado de Jesús es el bien". En este caso la misma Iglesia estaría aceptando tacitamente que cualquier doctrina o profesión basada en el legado de Jesús es tan válida como la suya propia.

No se trata ya de que la Iglesia Católica como organización sea más o menos tolerante con las demás sino de que su constitución, por llamarla así, declara que ella es la única verdadera heredera del legado de Jesús y que además su palabra es palabra de dios.

No sería ya un foro de encuentro y entendimiento sino la única fuente válida reconocida para avanzar en el camino de la fe cristiana.

Son muchas otras las organizaciones inspiradas en la misma fuente histórica. Entre ellas se percibe una lucha de poder. Esto sin contar las diferentes vertientes espirituales no necesariamente asociadas a ninguna de ellas.

Este es un importante factor a la hora de tomar una opción fundamental cristiana. Siendo legítimo tomar partido por una de las versiones siempre humanas de la historia resulta que volvemos, cual eterno retorno, a la cuestión de la obediencia.

Si dogma, el sistema de profesión de la fe definida en base a una versión determinada, implica obediencia y el trasfondo, seguir el legado de Jesús a través de sus muchos transmisores, representa la gracia, sería importante pararnos a pensar qué es lo que cada opción nos pide primero.

Digo esto porque valoro en extremo la libertad, especialmente la libertad de obedecer. Cederla a un ideal parece utópico a menos que radique omnipresente en nuestras vidas. En caso contrario diría que la búsqueda es prioritaria, si así lo requiere nuestra conciencia.

La Iglesia puede ser un perfecto medio de búsqueda pero en el momento que le cedemos esa libertad y acatamos su palabra como prioritaria ante nuestra voz interior estamos condenando nuestra salvación a un cara o cruz.

Cierto es que muchas personas no sienten esa llamada tan imperiosa y pueden encontrar sosiego y satisfacción en esta obediencia sin necesidad de alcanzar seguridades ulteriores, de hecho una fe firme da toda la sensación de seguridad que un humano puede necesitar en su vida.

Sin embargo, para aquellos que en su más íntimo aforo necesitan que esa conexión sea la adecuada, una apuesta semejante es inaceptable ya que destino sólo puede haber uno y una organización o doctrina que se considera equivalente jamás podrá captar su obediencia.

Así que cuando dices que has cedido esa libertad me pregunto en qué grado. Si esa opción es fundamental debería ser coherente, como bien dices, pero para serlo debería acatar cosas que posiblemente no estés cumpliendo. Pocos lo hacen pero también pocos tienen la necesidad de alcanzar tales extremos de coherencia. Digo esto porque quizás inspire nuevos e interesantes razonamientos.

Y tras mi pecado al intentar ponerme en la piel de dios, ahora cometeré uno un poco más humilde. ¿A quién obedecía Jesús?

Daniel M. Cruz dijo...

Sin duda hay grandes dosis de razón y de verdad en tus palabras. Aunque sigo resistiéndome a equiparar la opción con la obediencia. La obediencia es una consecuencia directa de la opción: si, decididamente, el Dios cristiano existe para mí consecuentemente pondré mi confianza en su mandato.

Pero es curioso que desde tu anónima posición seas tú más papista que yo. Supongo que el documento al que te refieres, perteneciente a la Congregación para la Doctrina de la Fe [sus documentos doctrinales en http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/doc_doc_index_sp.htm), pretendería explicar a los creyente (que ya optaron, por tanto, previamente) cómo deben interpretar las enseñanzas propias de la curia eclesiástica frente a las del resto de opciones. Tema interesante, sin duda, pero que se me escapa, de momento.
Sin embargo, mi posición es mucho más abierta. La Iglesia es como una buena madre, que quiere lo mejor para sus hijos y para su familia pero siempre se mostraría inclinada a que tomaran el camino más fácil. Los consejos de madre son un bien evolutivo de primer orden, xD. La Iglesia es consciente de sus limitaciones, por eso siempre apela al Misterio, pero se haya en la obligación de defender y guiar a los fieles frente a los ataques de todo tipo e intencionalidad, especialmente los ataques directos que prentenden utilizar el sentimiento religioso del hombre en provecho propio desde opciones fundamentales claramente hipócritas (sectas, satanismo, cientifismo, ateísmo,...).
Pero la misma Iglesia, desde comienzos del siglo V, se encontró con la problemática de la profundidad en las creencias. ¿Hasta qué punto se debe creer a pies juntillas la Verdad de los evangelios y de la tradición oral? ¿Qué es indispensable creer para ser contado entre el número de los cristianos? ¿Hay que poner nuestra fe en el hombre - aunque sea el mismísimo representante de Dios en la tierra - aún a sabiendas que puede equivocarse y alejarse de la Verdad por el pecado?

La respuesta a estas preguntas se llama CREDO, y constituye el núcleo central y prioritario de la fe católica. El cristiano católico debe creer en las verdades fundamentales contenidas en el credo y, eso sí, obrar en consecuencia.
Es decir, que mi opción católica establece un vínculo sólido y claramente estructurado sobre el cuál, en conciencia, como cristiano debo buscar las consecuencias de esa Verdad en mi momento histórico, en mi cultura, en mi vida.
Desde este punto de vista la obediencia (en lo esencial) y la búsqueda de la Verdad (en los matices, desde la opción de vida) dejan de ser incompatibles para convertirse en algo realmente necesario. (Y me remito a la descripción del blog).
En próximas entradas me dispongo a reflexionar sobre las verdades del Credo y las consecuencias que tienen para el hombre moderno.

PD: Ciertamente, Jesús obedecía a Dios por encima de la Ley y de los sacerdotes. Pero si el era realmente la Verdad personificada su búsqueda nos trasciende. ¿No es curioso que, precisamente, el sentido de su existencia mortal terminara siendo el "cumplir la voluntad de su Padre"?
Como dice la escritura de la carta a los hebreos: "Aprendió sufriendo a obedecer"( Hb 4, 14-16 y 5, 7-9).
Si no lo olvido, de esto hablaré cuando trate el tema de "cómo hacer visible lo invisible".

Anónimo dijo...

Ciertamente, Jesús obedecía a Dios por encima de la Ley y de los sacerdotes. Pero si el era realmente la Verdad personificada su búsqueda nos trasciende.

La verdad no busca. Piensa en ello ;)

Anónimo dijo...

Vaya, desde las 10 enganchado al blog, que poquita coherencia tengo con lo que dice mi ser cristiano respecto a respetar el horario de trabajo (jeje).

Después de leer todas las opiniones vertidas en este tema, y entender que son muy interesantes y abiertas, creo que lo mejor es discutirlas antes de aportar nada nuevo.

Sobre el escrito original: caer en la típica dualidad "Católico" o "Anti-católico" ("Pensamiento Único") me parece un error. Y más erróneo me parece meter en "Pensamiento Único" al anticlericalismo por ejemplo. Sí metería opciones como la democracia, que me parece que por estar más que establecida se ha mitificado. Pero la "interesada" maquinaria que impone el "Pensamiento Único" o de principios básicos comunes (que creo que lo explica mejor) entra en la guerra social y no espiritual. Más bien al contrario, prefiere no mojarse y dejar abierta la posibilidad de religiosidad o no. Una vez aceptada se moldea y punto, de forma que moleste lo mínimo, "por el bien de todos" y así queda aceptada por todos, religiosos y no. Cabría distinguir a los religiosos que entienden esta situación, la ven inaceptable por vulnerar muchos de sus principios básicos de vida y van a contracorriente, pero son pocos. A esos los envidio, porque debería ir con ellos más a menudo.

La dualidad entraría en un plano más espiritual y desde ahí dirigirlo a la sociedad. Ésta sería: ¿Creer en lo Invisible o solo en lo Visible?. Lo social se debería mover en otros ámbitos, el de buscar unos puntos mínimos de acuerdo para la convivencia. Si a eso se le quiere llamar "Pensamiento Único" yo lo aceptaría de buen grado, siempre que se acordaran como buenos y lícitos para todos, bajo la responsabilidad de la posibilidad de error inmersa en nuestra libertad, pero obrando en conciencia para no dejar fuera de esos principios mínimos a nadie. Entonces buscaríamos mejores métodos que la democracia. Desaparece la dualidad social, esa queda para los partidarios de dañar al que está contra mí forma de pensar (espiritualidad), y en lugar de defender su postura, ataca la contraria.

En otro momento se ha hablado de la "facilidad" que tenía Jesús para ser humano, sabiéndose Dios. En mi opinión, Jesús permitió hasta la muerte que se obrarán en Él las layes de la energía. Lo que ocurriera después de su muerte no es virtud humana. ¿Humano? Durante esos 33 años lo fue totalmente. Discusión aparte es que estuviera en búsqueda siendo Él la Verdad. Y ese es el siguiente tema.

¿Buscar siendo la Verdad? El razonamiento expuesto en el comentario es engañoso por disfrazarse de sencillo. ¿Cómo es posible que si la Verdad es Una tenga que autobuscarse?. Pues partiendo de ser un humano. Me explico. Hay que tomar una opción y eso significa buscar. Jesús nace como todo humano, crece como todo humano y aprende como todo humano. La primera vez que se hace algo, se piense el modo y se acata el que se cree correcto. Así lo hizo Jesús, tuvo que optar por cada solución, aunque finalmente siempre fue la solución cierta (sabemos que es la Verdad), pero la buscó primero, como humano que era.

Entramos en explicaciones más turbulentas, porque las palabras, como las películas a los libros, no siempre hacen justicia a lo que se piensa. Perdonad en ese respecto mi falta de concrección. Historicamente el catolicismo ha evolucionado significando cada vez más la transcendencia de Jesús sobre su valor humano. Se obvia su paseo por el desierto y las tentaciones, finalizando el discurso con la afirmación de su divinidad y por tanto infalibilidad. Sosiego para los creyentes de a pie. No deja de ser cierto, pero este hecho, que en mi opinión obedece al miedo de alertar al "pueblo llano" de las dudas de su Creador-humano, promociona una parte del "perfil" de Jesús, mientras desvirtúa otra no menos gloriosa (tanto como preconcebida), la de su ser humano.

"El redil de la obediencia". ¿No estás de acuerdo en que está dentro de tu entera libertad obedecer? El mal manejo de las palabras corrompe el honorable significado de muchas de ellas. Ocurre con la palabra obediencia como con la palabra fidelidad, que parece eliminar libertad en lugar de ganarla (cuando se toma como opción).
Creemos en la evolución porque la explican los libros, y de ahí sabemos que personas más expertas que nosotros la han estudiado lo suficiente como para escribirlas y difundirlas. Así cree un católico en lo que dicta el Vaticano, porque tiene sus teólogos, divididos en sus diferentes áreas, para estudiarlo y sacar las conclusiones que se puedan alcanzar. La duda puede surgir en las decisiones de la Iglesia como en lo que aparece escrito en un libro. En tiempos se creyó en la generación espontánea y así aparecía en los libros. Hoy es mera curiosidad para explicar que las cosas han cambiado y estábamos equivocados. Lo mismo ocurre dentro de la Iglesia, se asume la humanidad de sus componentes y "donde dije Digo digo Diego", en más de una ocasión.

Circunstancia aparte, relacionada con lo anterior, es que la Iglesia Católica actúa en multitud de circunstancias con prepotencia. Es cierto, asume que lo que dice es "Palabra de Dios" y única verdad. Es un error que considero no pretendido. Hay verdades cómunes, porque el católico comparte un mismo Dios con los ortodoxos, los protestantes y los seguidores del Corán y la Torá, y sin embargo, cae en la tentación de adueñarse de ellas. Eso separa a unos de otros, encontrando diferencias donde somos iguales. Pero hay que pensar en otra cosa, si el católico (como el seguidor de otra forma de entender a un mismo Dios)no afirmara que lo que dice es cierto, por encima de lo que dicen otras religiones, no sería creencia. Lógicamente uno dice lo que cree, y si lo cree lo defiende como único, y no tiene más salidas que esa. Eso implica que una forma distinta de entender sea considerada falsa, sin ánimo de faltar, pero falsa.

Dani, si vas a hablar de coherencia, espero que no pretendas medir al seguidor de una religión con la vara del cumplimiento de las doctrinas, no es fácil poner las fronteras, al final la discusión es la misma que la del pensamiento único, ¿hasta donde somos borregos de nuestro propio conformismo y donde empieza nuestro ser cristiano?. Cada uno tiene un camino.

Ya no lío más, perdón por la extensión.

Saludos a todos.

Anónimo dijo...

Por todos los dioses qué cúmulo de buenas argumentaciones. Siempre sonó más notorio hablar de ellos en plural para utilizar su nombre en vano xD

Broma sarcástica para comenzar un comentario difícil.

Nos hemos vuelto muchos en este planeta. No es ya el número sino también la capacidad de relacionarse, lo cual hace de nuestra comunidad una más grande e inevitablemente variada. Eso implica que toda similitud y todo roce tengan el potencial de ser masivos en sus efectos.

Un factor común en casi todo sistema de control de la energía es que la iluminación se alimenta de la ignorancia por lo que debe promoverla. Si todos los elementos participantes fueran iluminados ya no podría hablarse de control sino de necesidad de consenso.

Imaginemos que todas las células de nuestro cuerpo tuvieran que practicar el sufragio para cada fragmento de acción del individuo que conforman. Aquellas que deben sacrificarse por el bien de la mayoria, por ejemplo, tendrían que disponer de unas razones de peso trascendentes para tomar voluntariamente esa elección, por no hablar de la inmensa lentitud de todo proceso al tener que ser discutido o de la inminente ausencia de normalidad en el conjunto.

La naturaleza, o el legado de dios si quiere verse así, no nos ha cedido herramientas o ejemplos anteriores en los que basarnos. Todo en este mundo se basa en el control de la energía. Algunos profetas pueden considerarse ejemplos alternativos y sin embargo sobre ellos se crearon también doctrinas de la energía.

El hecho de no comer cerdo no parece ser un asunto muy divino pero lo cierto es que el cerdo es un animal omnívoro de gran voracidad que compite directamente con el ser humano por los recursos. Si ponemos a un lado de la balanza lo que ha comido el animal hasta ser adecuado para el sacrificio y el valor alimenticio de éste, intuyo que no resultará muy eficiente. Así que dios no nos lleva a la iluminación por no comer cerdo sino que nos hace vivir más para poder llegar a él.

Aquí estamos trabajando en paralelo con los mundos invisibles. De vivir sólo allí no habría necesidad de depender de los sistemas naturales pero la realidad es que nuestra existencia actual, en vida, está soportada sobre ellos y responde a sus reglas.

Antaño tampoco era rentable separar demasiado los asuntos terrenales de los divinos. La Iglesia enseñaba, atesoraba conocimiento y lo filtraba para las masas procurando mantener el orden de la supervivencia humana, dándole además un camino para alcanzar esa divinidad pero siempre que no rompiera el equilibrio.

Ahora los tiempos han cambiado. Religiones hay muchas como también sistemas de gestión de la energía nada relacionados con el plano divino. Podríamos decir que una de esas religiones es el explotacionismo globalista, una especie de movimiento "satánico" cuyo único objetivo es explotar los recursos del planeta y de sus habitantes para beneficio propio tal que en el futuro sus líderes sean reyes de un páramo desértico sólo adornado por muy privados jardines para su disfrute.

Demasiado movimiento en poco tiempo y ya también espacio. Auguro elecciones difíciles para todo el mundo.

Iluminación, ignorancia, plano terrenal, plano divino. Es necesario reestructurar la comunidad para poder sobrevivir.

Como participante de esta situación mi ilusión no sería crear pensamientos únicos o destrozar los presentes sino encontrar un modelo para un nuevo sistema mantenible. Pero sí es cierto que para alcanzar ese objetivo es imprescindible que aquellos que han tomado opciones fundamentales en cualquier vertiente sean capaces de dudar de sus cánones para poder participar en esa creación. Hacer compatible la salvación real de todos en comunidad abierta no puede alcanzarse desde la inmovilidad o la exclusividad.

Pero trabajar con todas y cada una de las células es inviable. Más bien convendría crear cánceres estratégicamente localizados capaces de cambiar el contexto de órganos enteros. Mas ese código genético habría de tener mutaciones muy precisas para no destruir el organismo en el proceso, creando nuevos equilibrios en vez de un caos mortal.

Ese gen lo tenían los profetas. La diferencia con el pasado es que ya no hay lugar para grandes iluminados cuando el reino de la relatividad es absoluto. Este factor no ha de ser necesariamente un impedimento, diría que sólo cambia la forma de proceder.

Mi deporte sería por tanto buscar personas capaces de ver más allá de su fe primaria, sin renunciar a ella, capaces de asimilar en su corazón la responsabilidad de encontrar un nuevo equilibrio. Un proceso doloroso para quien se vé abocado a él ya que todo cambio esencial trae consigo las sensaciones de la muerte.

Enfrentarse a la propia creencia es enfrentarse a la propia vida, la iluminación va más allá de opciones fundamentales. Es un Ser frente a un "ser algo". Pero no es necesario tal sacrificio, o eso creo, como he dicho previamente.

Quién sabe, con suerte en el futuro podemos llegar a tener luzbes entre nosotros capaces de velar por nuestros caminos particulares y nuestra supervivencia. Pero no me engaño porque las esperanzas son escasas.

Aún así qué hermoso sería no tener que fomentar la ignorancia sino aceptarla como una elección más, al igual que la iluminación en todas sus variantes.

Daniel M. Cruz dijo...

¡Gracias por participar! ¡Bienvenido... ¿Riola?!.
(Eh, supongo que no habéis visto que se puede firmar pinchando en "Otros" y escribiendo el nombre).

Veo que es difícil centrar la conversación en un tema concreto porque todo tiene relación; intentaré seguir el deshilache.

- Búsqueda personal de Jesucristo.
Sin duda es un tema apasionante y efectivamente creo que los creyentes suelen preferir no indagar en él (ni siquiera con el razonamiento filosófico o teológico). Tal vez porque lo poco que he leído cae o bien en la ambigüedad o bien en la fantasía épica. Precisamente por eso se merece una entrada en su momento.

- ¿Dualidad?
Por supuesto que NO. Si te fijas bien la entrada decía "en mi entorno observo". Hay tantas opciones fundamentales como quieras, religiosas o filosóficas; si bien es cierto que las dos opciones referidas son o han sido tan potentes en occidente que copan casi por completo nuestra sociedad actual. ¡Menos mal que estamos nosotros para hacer cumplir la regla de la excepción!

- "Principios básicos comunes".
¡Ojo! No se puede confundir lo que tienen en común varias ideologías con la ideología que pretende establecer unos principios comunes. Precisamente uno de los problemas que plantea la opción del pensamiento único es que pretende zanjar las diferencias para luego ir más allá de lo que dicta el sentido común con ideas asumidas pero perfectamente descartables.
Los ejemplos de la democracia y de la "libertad religiosa" son perfectos.
La democracia se ha convertido en un régimen impuesto y, probablemente, en una farsa donde cada uno puede pensar lo que quiera pero tendrá que votar a uno de los bloques de personas y propuestas que se presentan como candidatos. Si no aceptas las reglas del juego estás fuera y puedes hacer y pensar lo que quieras (ser tolerante se lleva) pero siempre y cuando renuncies al poder o a la oposición contra el sistema. ¡Vaya libertad que disfrutamos en democracia!
La libertad religiosa es otro tópico: como dices, se pretende separar lo social de lo espiritual argumentando que no todo el mundo debe ser religioso-creyente. ¡Tremendo engaño! TODO el mundo opta por una serie de creencias y principios. Son los ateos los que pretenden una sociedad sin presencia de Dios en lo social. El anticlericalismo se va instalando cada vez más en el sistema. Está muy bien visto criticar a la Iglesia y a los católicos, pero se pone el grito en el cielo si se ataca a otras religiones, etnias o culturas.

- Postura de la iglesia.
Sin duda la Iglesia católica se enfrenta a un reto dificilísimo. Desde la fe, la curia romana (cuando estáis hablando de Iglesia os referís a ella) se ve en la obligación de transmitir las verdades reveladas a lo largo de la historia, hacerlas comprensibles al hombre moderno y facilitar su acercamiento a Dios. Todo ello en un mundo cada vez más distante.
Es evidente que muchas veces se equivocará por perseguir ciegamente y con bastante recelo y prepotencia eso nobles objetivos. Además, creo que no tiene otra salida. Como suelo decir en las charlas de PFN, 'la Iglesia nunca te dirá cómo tienes que pecar, para eso está la inteligencia'.

- Coherencia de vida.
Lo que reivindicaré con la coherencia no es la ausencia de errores ni el cumplimiento de una serie de preceptos doctrinales sino la autorreflexión y la negación voluntaria de la hipocresía en la vida propia y en el tratamiento que damos a lo que nos rodea.

Mi conclusión: muchos temas interesantes. Pero la cuestión inicial es la definición de opción fundamental, que espero haya quedado explicitada lo suficiente y aceptada por todos, al menos, como válida. ¿Alguien no experimenta como verdadera en su propia historia personal esa decisión que opta por el 'qué estoy dispuesto a creer? Pues eso.

José Riola dijo...

Hola Dani,
quería ver si me conocías sin presentarme, y veo que sí, aunque no sé si el motivo está en tu discernimiento o en mi exhibición (con mi forma de escribir o mis ideas).

Me preocupa que lo que nos atribuimos de "victimas" no sólo nos venga de fuera, y también nosotros participemos de nuestro victimismo.

Me refiero al hecho de que cuando tratamos estos temas siempre arrastramos la sensación de "el mundo es malo", "... y está contra mi", "...y, sabiéndolo, está contra el cristianismo, que aboga por otro mundo".

Tú y yo, como cristianos, podemos llegar a la conclusión de que le resultamos incómodos a la estructura social actual (ojalá lo fuésemos de verdad), porque proponemos ideas que van contra ella, pero no podemos concluir por ello que el mundo es malo, simplemente se adapta a distintas circunstancias.

La otra sensación es "conmigo o contra mi". Tampoco podemos caer en eso. Puedes estar conmigo y no ser cristiano.

La iglesia (y no quiero diferenciar curia de feligreses, porque supuestamente vamos en el mismo barco) es cierto que no puede "enseñarnos a pecar", pero debería saber que hay gente que necesita más explicaciones, y sigue sin ver que el genésis es un cuento (por ejemplo). Seamos algo más prácticos, más reales, recordemos que la Iglesia (nosotros) es santa, pero que está compuesta de pecadores (que va intrínseco en la condición humana). Es decir, humanicemos la Iglesia, porque, como te decía en el comentario anterior, nos alejamos del hombre de calle por divinizarnos.

Se le pide "updates" a la Iglesia, y que sean rápidos, tanto como lo va la sociedad, y no es posible, entre otras cosas porque en la sociedad se ponen en marcha iniciativas que no pasan por ningún examen, y que juegan al prueba y error, en lugar de asegurarse no dañar antes de hacerlo. Pero también hay que ser sensatos y entender que los libros de la Biblia se escribieron en papel porque no existían Macintosh ;), y que las situaciones que se daban en Oriente Medio en aquellas fechas no son las de hoy, así que la lectura debe orientarse a las nuevas condiciones. El error es querer aprovechar el "vacío legal" para favorecer la opción que más convenga, pero también es un error decir no cuando hay "vacío legal".

Do you understand me?

Un abrazo

Anónimo dijo...

El otro día charlaba con un conocido que está teniendo problemas con su matrimonio. Hablábamos de que antiguamente el ser humano tenía muy pocos grados de libertad en su vida y que pasaba la mayor parte de ella sobreviviendo y ayudando a su familia como para plantearse demasiado las cosas, con lo que el concepto de matrimonio funcionaba mucho mejor que ahora.

Pero conforme avanzan los tiempos esa "clase media" que está apareciendo en los países "desarrollados" dispone de excedentes de tiempo (larga vida) y energía (más de lo que necesita para sobrevivir).

Si miramos la historia podemos ver que cuando el ser humano tiene más de lo que necesita para la subsistencia tiende a buscar nuevas experiencias. El arte, la filosofía, la ciencia y el desarrollo de las actividades lúdicas son algunos ejemplos. Hasta me atrevería a afirmar que muchos de los aspectos más originales de la tecnología también son fruto de esos excedentes.

El matrimonio es un aspecto de la vida humana que se fraguó en tiempos pasados. Ha sido objeto de tradición y practicamente todas las religiones lo han regulado. Apenas hemos cambiado biológicamente desde entonces y seguramente nuestra psique, en esencia, tampoco. Pero no podemos decir lo mismo de las circunstancias, si no para todos al menos para muchos.

Daniel por su parte da la sensación de querer enriquecer el legado católico para que se adapte a los nuevos tiempos pero estoy de acuerdo con Riola en que no sería demasiado coherente hacerlo desde las posiciones clásicas que han predominado siglos atrás.

He hablado del matrimonio porque me parece un buen ejemplo. Es un concepto aplicado a uno de los componentes más fundamentales de la vida (por ahora inmutado), una herencia cultural (para los ateos) y objeto de regulación básica por parte de muchas religiones (para los creyentes).

Si abusara de la imaginación que me permiten las circunstancias actuales se me ocurrirían muchísimas maneras de aplicar la reproducción humana y muchas de ellas podrían ser válidas para depende qué colectivos. Sin embargo para otros serían aberraciones. Mucho tendrían que ver en esto las creencias de cada uno.

Creo que hay que dejar muy claro cuando hablamos de posiciones ante la vida si lo hacemos de manera que respete en esencia las elecciones de los demás o si consideramos que deberían ser aplicadas por todos. Hablo de respeto, no de tolerancia. Ahí la diferencia es abismal porque siempre que la toleracia ha tenido roces ha desembocado en violencia.

Lo del pensamiento único es también importante a este respecto. Daniel lo ha planteado como una imposición satánica y atea, Riola como un intento de compatibilidad entre creencia y convivencia. Posiblemente sea ambas cosas según quién lo aplique pero el concepto como tal parece necesario si la diversidad ha de hacerse compatible, ya sea en términos de respeto o de tolerancia. Esas reglas básicas y comunes de convivencia pueden ser más o menos intrusivas así que no me refiero a una colección determinada de ellas sino a la existencia de su conjunto en general.

Ya que el tema de fondo es Cristianismo al día, reflexiones desde la fe en el siglo XXI y de que parece que hay necesidad de "updates", quisiera saber cómo veis entonces el asunto de la diversidad, que por cierto es real no sólo una ilusión mediática.

Gracias por adelantado.

Daniel M. Cruz dijo...

Esto no es una historia de "buenos y malos"; ni siquiera un juicio a la santa madre Iglesia. Si os dáis cuenta todo eso lo habéis dicho vosotros; demasiados prejuicios y tópicos de discusión religiosa.

Brevemente, trataré de resumir la idea primera:
- Que existen en nuestro mundo distintas opciones fundamentales de pensamiento, que a veces pasan inadvertidas en toda su profundidad incluso para el que las adopta.
- Que, en mi opinión, la opción del cristianismo es, al menos, igualmente válida que las demás. En especial, igualmente válida que la del llamado "pensamiento único" (podríamos dejarlo en un conjunto congruente de creencias y valores (¿y contravalores?) humanos asumidos por la mayor parte de las sociedades occidentales de nuestro tiempo).
- Que NI UNOS NI OTROS prestamos la suficiente atención en nuestra vida cotidiana a tratar de PROFUNDIZAR con inteligencia y espíritu crítico en la integración y contraste de nuestras creencias, así como en asegurar la COHERENCIA entre lo que pensamos y lo que vivimos.

Sin perder de vista esta perspectiva y, lejos de tratar de resolver el problema de la diversidad de opciones, sí podría plantear una manera de afrontar la situación de cada uno, la necesidad de renovación de ideas ("actualizaciones") y la sutil pero crucial diferencia entre respeto y tolerancia:

"Como ser intelengente creo que debería esforzarme mucho más en tomar conciencia de cuál es mi opción fundamental, qué implicaciones tiene en mi vida personal y en mis relaciones con los demás. Como ser social debería esforzarme en presentar mis ideas y creencias a los demás a fin de contrastarlas y de llegar a puntos de conexión que nos permitan convivir sin lesionar nuestras distintas concepciones de la existencia".

Es cierto que, en los extremos, las opciones chocan y pueden llegar a la violencia, a la incompatibilidad. Pero si el razonamiento y la ética nos conducen al enfrentamiento dialéctico o físico entonces ¿no deberíamos seguir siendo coherentes hasta el final?

Anónimo dijo...

Creo que estás haciendo un uso muy parcial de la coherencia Daniel. Cómo tú la ves da la sensación de que se trata de justificar toda una vida en base a un concepto concreto, y a cualquier precio. Para mí, la coherencia es tener la humildad de dudar tanto de la creencia como de la misma duda, al menos hasta el punto de que permita continuar creciendo a través del camino propio, sea cual sea.

Cuando te veo usar esa inteligencia que bien se puede decir que dios te ha dado, haciéndola trabajar en una sola dirección y cortándole las alas estoy viendo un automutilamiento. Estoy seguro de que puedes discutir cada una de estas afirmaciones y que lo harás elegantemente, pero ya no tienes la libertad de hacerlo desde la ecuanimidad. En vez de considerar las posibilidades simplemente justificarás tu posición, ya que es la verdadera (la tuya, no la cristiana).

Porque te aprecio siento cierto dolor al ver cómo esa persona que he amado renuncia a la lucha con uno mismo para crear esa coherencia. Lo respetaré si es tu decisión final, pero me dolerá. Tantas conversaciones sinceras empleadas en encontrar parches color carne para la duda es como resumir a dios en una estatua de madera. Tan coherente como hipócrita.

¿Te estoy atacando, o dándo de lado por mis prejuicios contra tu fe? Si lo crees así es que realmente has tomado tu opción fundamentalista. En ese caso te pediría que me respetaras también como hijo bastardo de dios y fueras sincero conmigo. Siquiera en honor a la memoria.


Con cariño pero siendo realista - anonimokko

(alguien te dijo una vez que te relacionaras con otras personas. era alguien que te amaba y que te conocía.)

Daniel M. Cruz dijo...

Fundamentalismo y ecuanimidad.
Gracias, jerokko, por tu sinceridad. Es importante aclarar posturas antes de seguir discurriendo.
Está claro que en nuestra psicología una pieza clave es el razonamiento que tiene como objetivo la justificación: somos máquinas tremendamente eficaces para buscar argumentos que sean favorables a nuestras intenciones, rechazando de plano la búsqueda de los que argumentos contrarios o, lo que es lo mismo, de todos los argumentos posibles. Entiendo que la ecuanimidad sería la voluntad de tratar de otorgar a cada cosa la importancia que se merece.
El fundamentalismo es, en mi opinión, justo lo contrario. Anular voluntariamente todo razonamiento que sea contrario a una idea fundamental previa. Defender tu idea a toda costa, aún sabiendo o incluso valorando el intento de destrucción de las ideas de los demás.

Ahora bien. Mi planteamiento, que parte de mi experiencia de vida, es precisamente que nuestra existencia se ve abocada a una decisión inevitable a cerca del camino a seguir desde el momento en que entran en juego las cuestiones de fe (nuestra libertad para creer o no creer determinados principios).
¿Se puede vivir sin haber adoptado una opción fundamental?

Dudar de toda creencia a fin de seguir creciendo es una opción vital. Hacer trabajar la inteligencia sin una dirección concreta es una opción.

Mi opción está tomada. Yo soy cristiano y quiero seguir siéndolo. Y seguiré empleando mi intelengia para contrastar "mi verdad" (mis creencias cristianas) con la realidad que me rodea, en especial, con las ideas de los demás. Sin duda, en ese contraste podré darme cuenta de cantidad de cuestiones que en mi autocomplacencia quedan veladas o doy por verdaderas sin siquiera haberme planteado.

Pretendo crecer; os necesito para crecer y creo que podemos enriquecernos mutuamente desde el respeto a nuestras opciones fundamentales.

Como ves, he dejado el tema de la coherencia y la hipocresía. Es demasiado importante.

Anónimo dijo...

Es más fácil hablar desde la sinceridad.

Mi camino abarca todas la direcciones y ninguna pero no es porque sea la mejor opción. Sencillamente es inevitable, todo nuestro pasado se confabuló para darnos forma.

Hemos hablado de las opciones fundamentales como si realmente fueramos libres de elegir pero los años pasan y las consciencias se forjan. Si en el pasado nuestra imaginación nos llevó por vastos parajes, ahora siente la necesidad de encontrar un punto de equilibrio con aquello que ya no puede acompañarle en esos viajes. La madurez nos sobreviene y con ella la necesidad de coherencia.

Yo también lo he venido notado, ahora me doy cuenta. Aceptarse a uno mismo tal como es porque no se pueden vivir mil vidas en una. Más abierto, más cerrado, dialogando o en silencio. Escuchando al mismo tiempo que integramos esos sonidos en nuestra propia canción. No, no hay pecado en ello, ahora puedo respetar lo que bien has decidido.

Necesidad de convencerse a uno mismo y a los demás... atrás la quiero. Tendrás tus pupilos y yo tendré los míos, dos caminos en un mar de corrientes donde siempre se podrá nadar libre. Y si somos sensatos les ayudaremos a comprender que todos ellos son hermanos, como en su día lo comprendimos nosotros.

Tu agua es mi agua.

De corazón espero que veamos la misma luz.

-luzbe

Daniel M. Cruz dijo...

Gracias por tu sinceridad y por tu respeto, anoni-luzbe.

Cierto. El agua es el mejor ejemplo: el mismo agua está en la flor y el rocío, en el arroyo y en la nube.

Tan sólo algo que no comparto: ni confabulación ni forja.
A lo que tú llamas circunstancias inevitables yo los llamo motivos .
Si nos desatribuimos la libertad nada tiene sentido.

Anónimo dijo...

Es bueno tener diferencias.

Libertad es una palabra que esconde un concepto para cada individuo, y los conceptos son poderosas herramientas. Para ti es importante mantener ese concepto vivo si quieres poder respetar tu propia elección. Para mí es mejor aceptar mis condicionantes, mi no libertad, para poder tener un atisbo de ella.

Desconozco cuál de las dos opciones implica más valor pero, desde luego, ambas son válidas. Mas el miedo de que todo pierda sentido parece una barrera digna de ser superada, no importa por quién.

Digna per se, si así se dice, porque otros individuos pueden ver un peligro indirecto en ello. La más remota posibilidad de que alguien supere una barrera que consideramos pilar de nuestro destino habría de enfrentarnos a una realidad dolorosa. Entonces tendríamos quizás tres opciones, no ver para no sentir, ver para destruir aquello que vemos o ver para asimilar el nuevo horizonte.

Los cuernos de guerra laten profundos en el miedo de nuestros corazones. Destruirnos suele ser la elección prioritaria del ser humano. Me pregunto si hay milagro que pueda limpiar tanto barro de nuestras almas.

Sobre el agua... quizás esconda más conceptos que la palabra libertad. Me gusta pensar en ella como algo que, por mucho que nos empeñemos en ello, no nos pertenece sino que está ahí para que nosotros podamos estar también. Un medio presente desde más allá de nuestra ignorancia y, por ende, el vehículo de la búsqueda.

Si al menos pudiéramos sentirnos hermanos en esa búsqueda el milagro se habría cumplido. Sin embargo la necesidad de que unos se equivoquen para que otros tengan razón parece ser más fuerte en nuestra historia.

-luzbe

Daniel M. Cruz dijo...

Ya tengo "Libertad o determinismo" como borrador porque es un tema importante. Pero, sin entrar en profundidad, la lógica de la no-libertad no es absurda pero conduce al camino cerrado de la paradoja. Cuando dije que no tiene sentido me refería a esto.

Si la opción no es tal sino que está condicionada, ¿es lícito asumirlo?
Sea cual sea la respuesta está condicionada. Si decido asumir mis condicionamientos y "seguir el camino que me marcan" estoy atrapado, soy una mera pieza en el engranaje. Y si consigo tomar conciencia de los condicionantes y salir del camino... ¿no estoy sometido otra vez a condicionamientos, esta vez propios?
Si negamos nuestra propia libertad toda acción personal carece de sentido porque no es personal, no es más que un devenir temporal inevitable. Tiene todo el sentido, pero conduce al suicidio intelectual.
En la entrada a la que me refería al principio discutiré los motivos que me hacen considerarme libre y trataré de poner en evidencia la incoherencia de la libertad desde otros planteamientos.

"El espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas".

Anónimo dijo...

que desocupados todos ustedes

Daniel dijo...

¿¿desocupados??

Nada de eso! En realidad, buenos amigos...